Día 7 - En el tiempo ¿de quién?
El ritmo divino de la vida
A veces creo que vivimos en una carrera sin línea de meta, un maratón inventado por una cultura que insiste en decirnos cuándo empezar, cuándo detenernos, cuándo “ya es tarde” y cuándo “ya deberías haber”. Son relojes ajenos marcando nuestras horas internas. Campanas que repican sin que uno las haya pedido.
Yo misma he caído en ese “huye huye” tan dominicano, esa prisa heredada, casi genética, donde la vida se nos vuelve lista de chequeo: cásate, ten hijos, compra, produce, corre, sube, responde, entrega, invierte, proyecta. Y en esta generación acelerada por algoritmos, notificaciones y pantallas, el tiempo parece haber dejado de respirarse para convertirse en una exigencia continua. Como si Dios hablara solo en velocidad.
Pero últimamente me he descubierto sublevándome. Bajando las revoluciones con la intención deliberada de cocinar la vida a fuego lento. Y no porque tenga todas las respuestas, sino porque he empezado a entender un misterio sencillo: lo que es eterno nunca se apresura.
Quizás por eso me encanta esa frase atribuida a Napoleón, “vísteme despacio que ando rápido”. El aparente contrasentido revela una verdad profunda. La prisa no es eficiencia, es miedo. Y el tiempo, cuando se mira de cerca, no es una línea recta sino un tejido cuántico donde lo que parecía tarde puede convertirse en perfecto, y lo que parecía urgente, en irrelevante.
También lo veo en las etapas de la vida. En cuándo comenzar algo y cuándo retirarse. En cuándo sembrar y cuándo cosechar. En cuántas veces intentamos sincronizarnos con un calendario que no es el nuestro. En cuántas ocasiones nos duele sentirnos “fuera de tiempo”, como si la vida fuera un tren que ya pasó sin avisar.
Hace poco, envié el currículum de una persona de 55 años, brillante, íntegra, con una trayectoria admirable. Y lo primero que me preguntaron fue: “¿y qué edad tiene?”. Lo segundo, esa frase que todavía me arde: “a los viejos no nos quieren”, acompañada de un emoticono burlón. Me indignó, no por mí, sino por lo que revela de nuestra ceguera colectiva. ¿Desde cuándo la experiencia se volvió desecho? ¿En qué momento confundimos juventud con valor y madurez con caducidad? ¿Cómo se nos pasó por alto que el seniority, bien entendido, es oro fino?
Si algo he aprendido es que Dios nunca corre, pero tampoco llega tarde. Que Su ritmo es paciente, paciente como la luz que avanza sin ruido pero lo transforma todo. Y que el tiempo, cuando se mira desde esa hondura, ya no se siente como una deuda sino como un regalo. Un espacio para crecer, caer, volver a intentar, amar y aprender. Un compás secreto que solo el alma reconoce.
Hoy, esta reflexión no busca dar respuestas. Solo abrir una grieta de calma en medio del ruido. Tal vez para recordar que el tiempo no se nos está acabando, se nos está dando. Y que la pregunta nunca ha sido “en el tiempo de quién voy yo?”, sino “qué tiempo está Dios tallando en mí?”.
La vida no es una carrera. La vida es una coreografía. Y cada uno baila al paso que le dicta su Creador.
Reflexión final
Pausa un instante y pregúntate:
¿De quién es el reloj que marca tu paso?
¿Quién dicta la urgencia que te empuja?
¿Quién decide lo que “ya debió ser”?
Tal vez hoy puedas concederte un pequeño acto de libertad. Un respiro. Una tregua con tu propia exigencia. Mira tu vida con ternura, como quien mira un jardín que aún no revela todas sus flores. No eres tarde. No eres pronto. No eres desvío. Eres proceso. Y en ese proceso, Dios afina el tempo.
Permítete caminar sin compararte. Amar sin cronómetro. Crecer sin calendario.
Que la pregunta no sea “cuánto me falta?”, sino “¿qué quiere Dios madurar en mí con este ritmo?”.
Porque al final, la vida se sostiene no por la velocidad, sino por la fidelidad a la voz que susurra desde dentro: Anda a mi paso. Que a mi paso, todo llega cuando tiene que llegar.


‘No eres tarde. No eres pronto. No eres desvío. Eres proceso. Y en ese proceso, Dios afina el tempo.’ 🫶🏻❤️🩹
Tengo que escribir esto, pues justamente de esto va el tema... yo llevaba los días de tus reflexiones en orden de salida a diario, pues vino la vorágine de compromisos pautados por mí, por otros, por la época, porque si o porque no, en fin que me quedé en la reflexión 6 pues me gusta saborear lo que leo y reflexionar aunque no siempre escriba un comentario. Hoy 10 de diciembre entro a leer este que es el que me corresponde, y precisamente estoy trabajando en una dinámica para un encuentro y ya me diste el tema y las preguntas generadoras. Luego de cuento, un abrazo!!!