Día 31 - Cuando la sanación te sorprende por el camino
Hoy iniciamos una nueva serie de diez reflexiones que he llamado SANAR, un tramo necesario en este camino hacia los cincuenta. No lo pensaba incluir así, tan frontalmente, pero la vida insiste en llevarnos a los lugares que evitamos. La sanación es uno de ellos. Así que abro hoy esta puerta, no como especialista, sino como peregrina que necesitan volver a casa.
Hay viajes que no empiezan cuando uno cree, sino cuando la vida decide que ya no puedes seguir viviendo con las mismas grietas. En mi adolescencia, y aun en mi adultez temprana, jamás imaginé que caminaría este sendero que muchos llaman el camino del héroe. Y, aunque suene pomposo, se siente exactamente así: épico, desafiante, misterioso, como aquella película que veía una y otra vez cada vez que aparecía en la televisión, La Historia Sin Fin. Un viaje donde el héroe no sabe que es héroe, donde la aventura se abre sola y, a veces, a punta de necesidad.
Mi testimonio no empieza con un trueno, sino con algo tímido. Un día toqué la puerta de la terapia, no por accidente ni curiosidad, sino empujada por uno de esos dolores profundos que nacen de las relaciones amorosas cuando se desbordan en drama. Ese tipo de herida que uno no quiere confesar, pero que funciona como alarma espiritual. Llegué casi sin fe, con esa mezcla de vergüenza y urgencia que solo conoce quien ha amado desde un vacío que todavía no sabía nombrar. Solo fui a dos sesiones con la terapeuta Dulce Pascual, pero hubo un gesto suyo que nunca se me borró. Tomó un papel y dibujó una casa. Una zapata. Una columna. Una pared. Un techo. Me explicó que cuando crecemos, nuestros padres, cuidadores o maestros van colocando las piezas de esa construcción interior donde habitaremos toda la vida. Pero, ¿qué pasa cuando la obra se interrumpe? ¿Qué ocurre cuando la vida de esos mismos adultos se desmorona, se desvía, se enferma, se rompe, y ese proyecto de construirnos queda a medias?
Ahí, sin darme cuenta, comenzó mi viaje. No ese día, no de forma lineal, no con disciplina suiza ni convicción de heroína. Comenzó entre fugas y distracciones, entre caminos que prometían alivio rápido y paredes que nunca llegaban a levantarse. Esa casa interna estuvo mucho tiempo sin techo, sin algunas columnas esenciales, expuesta a tormentas que yo no sabía nombrar. Y, aun así, Dios permanecía. Inclusive cuando yo no. Inclusive cuando me escabullía tras ocupaciones, amores, viajes, estudios, familia, amigos. La gracia tiene una paciencia que el ser humano no conoce.
Con los años he escuchado a muchos decir que no sienten heridas que sanar, que no sienten incompletud. Y lo respeto. Pero me pregunto, desde la honestidad y no desde la presunción, si la herida no es a veces tan sutil que uno la confunde con el carácter. O si la ausencia de herida no es más bien la ausencia de conciencia. Porque no siempre la fractura es un golpe visible; muchas veces es una interpretación diminuta, un silencio, un gesto que nadie notó, pero que en el alma hizo eco.
No es culpa de nadie. La vida humana no es una maquinaria perfecta. A veces una sola escena marca un cimiento. A veces una omisión instala una fisura. A veces lo que dolió fue aquello que nunca ocurrió.
Más adelante les hablaré de una teoría que me movió el piso y me dio un punto de partida más claro para afirmar, sin miedo, este camino del héroe. Ese del que habla Mario Alonso Puig cuando dice que todos somos llamados, pero solo unos pocos deciden recorrerlo. No porque sean más fuertes, sino porque un día se cansaron de vivir en una casa sin techo y se atrevieron a empezar la reconstrucción.
La sanación, al final, no es un lujo para quienes “están mal”. Es una invitación que toca la puerta de todos. Algunos abren. Otros se asoman. Otros fingen no haber oído. Pero el llamado es el mismo: volver a ser casa habitable. Volver a ser tierra firme. Volver a ser uno mismo acompañado por Dios, que nunca desiste de su obra, aunque nosotros nos distraigamos con mil historias sin fin.


Es esencial sanar ,el equipaje se aligera, el perdón a nosotros mismos es un ungüento de vida que no sabíamos que necesitábamos hasta que sacamos. Gracias querida 😘 💕
Tenía días sin pasar por aquí y qué feliz de retomar este camino contigo. ¡Estos 10 días van a estar buenos porque, si lo pensamos, aunque es la etapa más retadora, sanar es imprescindible en la experiencia humana para poder acceder a la libertad de ser y explorar quién uno realmente es! Bravaa 👏🏽👏🏽👏🏽