Día 27 - Lo poco en mis manos, lo mucho en las de Él
El Evangelio de hoy (o de ayer para quienes leen), Mateo 15, 29-37, no es un relato sencillo ni discreto. Es uno de los milagros públicos más contundentes de Jesús, una escena donde lo divino irrumpe sin timidez. Siete panes y unos pocos pescados levantados al cielo, y de pronto, alimento para una multitud que come, se sacia y todavía recoge canastas rebosantes. En el lenguaje de Dios, la abundancia nunca es teoría, es evidencia. Y cuando Él actúa, siempre sobran señales, siempre.
Leyéndolo hoy, sentí ese murmullo suave que a veces se confunde con pensamiento propio, pero no, esto viene de más adentro. Y me recordó aquella prédica poderosa de Priscilla Shirer, “You’re right where you need to be”. Porque a veces uno llega con las manos medio vacías, con la cuenta bancaria temblando, con la energía justa, con la sensación de que no alcanza, de que uno está dando lo mínimo. Y sin embargo, ahí mismo Jesús dice: entrégame eso. Eso poquito. Esa migaja de fe, ese pan humilde, ese esfuerzo que parece ridículo frente a la magnitud del sueño.
La enseñanza es brutal por su sencillez. Dios no te pide lo que no tienes, te pide lo que sí. Te pide disponibilidad. Te pide abandono. Te pide ese acto rebelde de confiar cuando las cuentas no cuadran, cuando el proyecto apenas se asoma, cuando tu aporte parece frágil o insuficiente. Porque lo que se multiplica no es la cantidad, es la entrega. Lo que Dios convierte en milagro no es el pan, es la fe con la que lo colocas en sus manos.
Yo también estoy ahí. En ese punto exacto donde lo que tengo no impresiona a nadie. Donde no navego en abundancia económica. Donde mis “siete panes” parecen poca cosa. Pero tengo algo más valioso: tiempo, deseo, obediencia, hambre de servir. Y El lo sabe. Ese es mi pan ahora mismo. Ese es mi pescado. Ese es mi “todo y mi nada”.
Y hoy me aferro a la promesa callada del Evangelio. Que en las manos de Dios, lo que parece pequeño se convierte en alimento para muchos. Que lo que doy desde el corazón encontrará caminos que yo no puedo ver. Que este nuevo proyecto, sembrado desde la escasez visible pero desde la abundancia interior, será multiplicado para sanar, para sostener, para encender a quienes lleguen a él.
Hoy Camino Día 27 confiando en que estoy, como dice Priscilla, justo donde necesito estar. Con lo justo. Con lo que tengo. Con lo que puedo. Y confiando en que las canastas se llenarán, no por mis fuerzas, sino por la delicadeza de un Dios que siempre multiplica cuando uno entrega con fe.
Que así sea.


🤗
Ay siiiiii !!!!! Amen ! 🙏🏻