Día 16 - Reconocer el ego y abrazar la esencia
Cuando el inquilino del ego hace ruido, pero la esencia recuerda el camino
Los domingos tienen un modo propio de decirnos la verdad, sin imponerse, casi como quien se sienta a tu lado con una taza de café y te susurra: mírate con calma. Y hoy, en esa quietud ligera, quiero hablar de un personaje que todos cargamos dentro y que rara vez invitamos a la conversación: el ego.
No llegué temprano a entenderlo. Durante años, esa palabra me sonaba etérea, distante, como concepto de libro que uno subraya sin terminar de comprender. Hasta que, hace ya alrededor de catorce años, apareció un pequeño tesoro: What About Now?, de Gina Lake. Un librito discreto que terminé usando como devocional, una página diaria durante más de un año. Y en esa repetición sencilla, algo empezó a revelarse.
Gina Lake no demoniza al ego. Lo expone con claridad: es la mente inquieta, protectora, impaciente, tratando de evitar que volvamos a sentir aquello que en algún momento dolió. Es un inquilino que se quedó viviendo con nosotros, haciendo su mejor esfuerzo por mantenernos a salvo, aunque a veces termine levantando alarmas innecesarias. Es torpe, sí, pero también es un mecanismo de supervivencia.
Años más tarde llegó de Ryan Holiday, “The Ego is the obstacle”, éste, desde otro ángulo, más sobrio, más corporativo, más terrenal. Y ahí entendí otra pieza: cuando el ego se infla, cuando se apropia de todo, cuando convierte la vida en escenario y el yo en protagonista absoluto, entonces deja de proteger y empieza a sabotear. Es la voz que dice “ya lo sé”, “ya llegué”, “mírenme”, “no puedo fallar”. Apariencia sobre esencia. Ruido sobre profundidad.
Y entre ambas miradas descubrí lo que más paz me dio. No se trata de matar el ego, sino de ponerlo en su sitio. Escucharlo sin entregarle el timón. Reconocer cuándo habla por miedo, cuándo por costumbre, cuándo por orgullo herido. Y, sobre todo, aprender a subirle el volumen a lo otro, a lo que no grita: la esencia.
Porque la esencia es la voz antigua, la del espíritu. Esa que no exige, no compite, no se ofende. Esa que nos recuerda quiénes somos sin esfuerzo, sin máscaras, sin necesidad de demostrar. La esencia no dice “haz más”, dice “sé verdadero”. No dice “protege tu imagen”, dice “protege tu alma”.
El ego informa, la esencia decide. El ego recuerda heridas, la esencia recuerda propósito. El ego se agita, la esencia se asienta. Y cuando dejamos que sea la esencia quien guíe, la vida adquiere una claridad inesperada, casi como si alguien hubiera abierto una ventana interna.
Así que hoy, en este domingo que pide ligereza, te invito a un pequeño gesto: obsérvate sin juicio. Pregunta quién está hablando en ti. Agradece al ego por su intento de cuidarte. Y luego permite que la esencia, esa presencia silenciosa y firme, tome su lugar al frente.
Porque al final, reconocer el ego y abrazar la esencia no es un combate, es un reordenamiento del mundo interior. Es darle las gracias al inquilino, pero entregarle la llave a la voz que siempre supo el camino.
Feliz día 16 de este camino. Que hoy gobierne lo que eres de verdad. ✨🤍


🫶🏻🫶🏻🫶🏻👏👏👏
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